Biblioteca Salle Reus

"Primer llegeix tu i els altres imitaran el plaer que expandeixis". (Emili Teixidor)


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LiterCast

LiterCast és un nou podcast de literatura espanyola pensat per a lletraferits, per a tots aquells que gaudeixen quan algú els llegeix en veu alta, per als qui busquen entre les ones acústiques la companyia de personatges i autors ben admirats, per als qui frueixen amb la sonoritat d’un idioma tan bonic com l’espanyol; per a tots, també per a qui ja no pot llegir per qualsevol motiu.

A LiterCast trobareu relats d’escriptors espanyols, hispanoamericans i, fins i tot, clàssics de la literatura i de la poesia; obres de temàtica i durada variable, adaptacions que respecten al màxim l’original malgrat l’adaptació al medi sonor: bons motius, en definitiva, per a tancar els ulls durant algun moment del dia i permetre que algú ens llegeixi a cau d’orella, per a relaxar-nos i per a somiar desperts.


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Los niños tontos

Una mañana se levantó y fue a buscar al amigo, al otro lado de la valla. Pero el amigo no estaba, y, cuando volvió, le dijo la madre:

El amigo se murió.

Niño, no pienses más en él y busca otros para jugar.

El niño se sentó en el quicio de la puerta, con la cara entre las manos y los codos en las rodillas. «Él volverá», pensó. Porque no podía ser que allí estuviesen las canicas, el camión y la pistola de hojalata, y el reloj aquel que ya no andaba, y el amigo no viniese a buscarlos. Vino la noche, con una estrella muy grande, y el niño no quería entrar a cenar.

Entra, niño, que llega el frío —dijo la madre.

Pero, en lugar de entrar, el niño se levantó del quicio y se fue en busca del amigo, con las canicas, el camión, la pistola de hojalata y el reloj que no andaba.

Al llegar a la cerca, la voz del amigo no le llamó, ni le oyó en el árbol, ni en el pozo. Pasó buscándole toda la noche. Y fue una larga noche casi blanca, que le llenó de polvo el traje y los zapatos. Cuando llegó el sol, el niño, que tenía sueño y sed, estiró los brazos y pensó: “Qué tontos y pequeños son esos juguetes. Y ese reloj que no anda, no sirve para nada”. Lo tiró todo al pozo, y volvió a la casa, con mucha hambre. La madre le abrió la puerta, y dijo: “Cuánto ha crecido este niño, Dios mío, cuánto ha crecido”. Y le compró un traje de hombre, porque el que llevaba le venía muy corto.

Ana María Matute, “El niño al que se le murió el amigo”, Los niños tontos (1962)